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Claudia Patricia Sarria-Macías

Avistamiento

 

 

 

Plantear un trabajo en una experiencia directa e intensa en un contexto específico, con unas  condiciones de las que no se tiene el control que normalmente se tiene en otros casos, es una experiencia que abre un paréntesis en la rutina de unos procesos personales que en muchas ocasiones no se dan de la manera que uno esperaría.  El ámbito de un taller o workshop como éste se nutre del caos que generan las circunstancias en las que se propone; en suma, a pesar de lo que desde antes se tenga previsto de la experiencia o la investigación, son tales circunstancias las que determinan y nutren en gran medida el proceso y los resultados de la propuesta que se esté adelantando. 

La experiencia de este taller,  planteado en una modesta comunidad rural dividida en tres localidades convertida en sitio turístico y llevado a cabo al inicio de la temporada, suscitó múltiples reflexiones y análisis respecto al contexto, tanto de la incipiente infraestructura que poco a poco se ha ido desarrollando para promover la industria turística como de las condiciones en las que conviven los habitantes y vecinos de un sitio que se encuentra ubicado en un área estratégica en términos ambientales, comerciales, militares y políticos y que, por lo tanto, ofrece un escenario donde es posible encontrar una gran variedad de fenómenos y contrastes en relación con lo que en otras comunidades rurales o escenarios turísticos se podría percibir.

En 1994 el Batallón de Ingenieros Militares Nº 3 Agustín Codazzi, de Palmira, comenzó la construcción de la primera fase de una pista aérea en Juanchaco, que sólo fue terminada en 2001 e inaugurada por Andrés Pastrana, Presidente de la República en ese tiempo. Dejando paradójicamente a esta pequeña comunidad costera con aeropuerto propio.

A partir del inicio de las operaciones de la pista aérea, la Armada Nacional se insertó en la comunidad como un vecino más que entre las casas y al paso de los habitantes y los turistas por la única carretera principal que conecta a Juanchaco y Ladrilleros comparte la cotidianidad del lugar. Y realiza a la vista de todos gran parte de sus actividades militares.

El organismo militar comprende varios componentes y cada uno tiene sus particularidades en términos de especialización. Esto determina su campo de acción, y así mismo  los instrumentos con los cuales opera.  Es bien conocido el celo con el que se protegen este tipo de actividades, el hermetismo con el que se ejecutan. En nombre de la seguridad, las guarniciones militares son cubiertas visualmente por muros, trincheras, o telas sintéticas mientras crece la espesa vegetación que las resguardará de miradas sospechosas, cámaras y todo tipo de seguimiento que ponga en riesgo sus operaciones, incluyendo el control de la circulación y acercamiento de extraños en los espacios adyacentes a estos complejos, que son parcialmente desvelados durante los desfiles conmemorativos en que la gente se agolpa para ver de cerca toda esta logística y derroche de orden militar  y comprobar así que existen por fuera de un ámbito cinematográfico. 

La fuerza más común y más conocida es el ejército, que hace presencia en todo el territorio. Pero por las características de la zona, predomina en Juanchaco, Ladrilleros y La Barra, la Fuerza Naval del Pacífico de la Armada Nacional, cuya misión implica el uso constante de aeronaves.

Hasta hace una década en el país viajar en avión era la posibilidad de una clase privilegiada que podía pagar los costos que eso conllevaba. Para muchas personas viajar en avión era un anhelo, y en este sentido para las gentes ir al aeropuerto para ver despegar y aterrizar las naves era un paseo familiar.

Pero allá, en Juanchaco, no es extraño ver despegar y aterrizar aviones, avionetas y helicópteros; presenciar revistas, ensayos, formaciones militares; apreciar varios tipos de uniformes, observar mientras se camina el día a día en esta base con sus vehículos y construcciones, de las que sobresale el hangar. Todo sin hacer grandes esfuerzos, a menos de cien metros de la pista y sin barreras visuales, como si esta posibilidad de observación fuera una más de las que ofrece la infraestructura turística del lugar.

La zona de Bahía Málaga, en la que se encuentran Juanchaco,  Ladrilleros y La Barra, es uno de los principales destinos de migración estacional de cientos de ballenas yubartas o jorobadas (Megaptera novaeangliae), que entre junio y noviembre llegan a parir sus crías y reproducirse. Este fenómeno congrega en esa temporada a miles de turistas ansiosos de observarlas.

Con la llegada de las ballenas, los comerciantes grandes y pequeños del lugar esperan expectantes a los turistas. Desde el arribo al muelle una serie de guías ofrecen, por aproximadamente diez dólares por persona, excursiones mar adentro para avistar las ballenas, y aseguran que si no es de esta manera es imposible verlas salir a la superficie  junto a sus crías o haciendo acrobacias acuáticas. Sin embargo, en Juanchaco existe un mirador, contiguo a la cabecera de la pista aérea, destinado para la observación de las ballenas. Un espacio abierto que corona un acantilado  y se ha ido convirtiendo en un parque silencioso y solitario de terreno relativamente plano al cual una mano amiga regularmente le controla el crecimiento del prado y lo mantiene despejado, para que los que tienen la fe de ver pasar alguna ballena puedan sentarse en sus bancas, unas en madera y otras en ladrillo y cemento, desde las cuales, según algunos lugareños, es posible ver las ballenas de primera mano, sin necesidad de embarcarse, alternativa que no siempre hace posible observarlas. Además, en el mirador pueden hacerlo de manera gratuita.

Avistamiento es una propuesta que nace a partir de estas anotaciones, toma como punto de partida el espacio del mirador y lo analiza como un sitio intermedio de observación en el cual se plantea la dicotomía entre divisar las ballenas u observar las actividades militares. Adoptando  el concepto local de avistamiento y deja abiertas, por lo tanto, las prácticas que podrían tener lugar con esta actividad, como por ejemplo el registro fotográfico o videográfico de cualquiera de los dos objetivos.

El trabajo consistió, entonces, en señalar un diálogo entre estos dos espacios. Para esto me pareció interesante reafirmar la presencia de las bancas en el parque, emplazando unas nuevas pero en relación con las líneas de la cebra de señalización pintadas en la cabecera de la pista aérea. 

Circunstancias no muy favorables para el objetivo inicial en el desarrollo del trabajo exigieron pensar otras posibilidades de formalización para la propuesta. En este sentido, la maqueta se convirtió en un formato útil. Partiendo de su carácter como herramienta en el campo arquitectónico para previsualizar un proyecto que plantea cambiar el territorio, la  inclusión de este recurso en el proceso fue un paso  revelador que permitió dimensionar la obra desde otras perspectivas interesantes,  como la posibilidad de tener imágenes aéreas ficticias de la pista de Juanchaco, lo cual permitiría ver esta alternativa  y sus productos como resultado final, como objeto artístico.

Claudia Patricia Sarria-Macías

Claudia Patricia Sarria

Claudia Patricia Sarria

Claudia Patricia Sarria